La dictadura del cliente

Cuando una consultora gana un pliego, o un concurso de un determinado cliente, esta envía a un equipo a la misma, que se suele integrar en la propia oficina del cliente con nombres como servicio o outtasking. La consultora que gana el concurso cuenta con un presupuesto para contratar a los técnicos adecuados para desempeñar las funciones que el contrato requiere.

Normalmente una consultora que se precie, haría su propio equipo, eligiendo al personal más competente con las condiciones que este requiere para retener el talento. También mantendría una relación sana con el cliente, cubriendo sus necesidades y también sabiendo decir “NO” cuando el cliente requiere saltarse las reglas del contrato, y mantenerse en su lugar.

Desgraciadamente a lo que asistimos hoy en día es todo lo contrario que lo expuesto en el anterior párrafo. Las consultoras o el coordinador del servicio suele ser un “dictadorzuelo de consultora”, el cual se pone de rodillas ante el cliente, en primer lugar porque con casi toda seguridad, le debe el puesto y lo segundo es que este sujeto obedecerá como un perrito todas las ordenes de su amo el cliente, le “pelotilleará”, y le hará todas las reverencias que sean necesarias.

Sin lugar a dudas este es el cáncer de la consultoría, personajillos arrastrados que dicen que sí a todo lo que el cliente les ordena, incluido el trabajar en festivos, hasta las 23:00 de la noche, etc…,

La precariedad laboral que surge por este nido de buitres que son las consultoras es descomunal. El puesto de trabajo de un empleado queda en manos del cliente, ya que sí el “externo de mierda” se atreve a dar una contestación firme al cliente o incluso a algo tan subjetivo como “mirarle mal”, podría ver su puesto amenazado, ya que el cliente solo tendría que decirle al “dictadorzuelo de consultora” que este trabajador no venga mañana, y san se acabo. Lo que esto crea es unos trabajadores subcontratados sin derechos, bajo el yugo de una dictadura total, sin sindicato que les proteja, ni responsable, ya que un líder que se precie de serlo, defendería en primer lugar a sus empleados frente a las apetencias del cliente. El gerente debería proteger a sus empleados ante las posibles injusticias del cliente.

Por otro lado el cliente, cada vez es un personaje más caprichoso y más hijo de puta. Conoce perfectamente el estado de indefensión de sus subordinados curritos o “putos externos de mierda” y se aprovecha de ello de sobremanera. Chantajea continuamente con renovar el siguiente contrato en sus capas más altas de jerarquía. Pero no hay que perder de vista a los de abajo, con los que se trabaja “codo con codo”. Muchos de ellos suelen ser prepotentes y unos auténticos hijos de la gran puta que al ver su puesto de trabajo amenazado, te van a putear y a “enmierdarte” todo lo que puedan. Este tipo de gentuza suele estar movida también por los propios sindicatos, que ven al pobre currito externo como un fiero capitalista imperialista,

En definitiva, lo que las consultoras han creado es un ejercito de almas desamparadas, en manos de unos psicópatas, con una inestabilidad laboral brutal y teniendo que aguantar una salvaje explotación y nazismo extremo en algunos proyectos. Y no nos confundamos, el cliente tiene su parte de culpa, lo primero por subcontratar, lo segundo por explotar a los subcontratados, lo tercero por ser unos déspotas prepotentes sin escrúpulos.

6 comentario en “La dictadura del cliente

  1. He vivido estas situaciones hasta el punto de plantearme en su día denunciar por mobbing a un hijo de puta que daba gritos a todo el mundo y pedia imposibles, las malas lenguas decían que llego a ser jefe por pelotear cuando no erá ni empleado, para que os hagáis una idea, es como si en un hotel contratan de gerente o encargado al repartidor de la moto solo porque se lleva bien con otros jefes, el tipo en lugar de ser agradecido se dedica a putear a los demás con formas de déspota pues es el caso de este tipo de informática nulo, pero de capataz de obra el mejor (cabrón)claro. Y así hay a patadas que con tal de no vivir debajo de un puente venden a su madre o hasta el mismo aunque sea a costa de otros.

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